lunes, 16 de enero de 2023

Punto y final

 

Llevo más de 10 años escribiendo este blog y, sinceramente, creo que ha llegado el momento de plegar velas y arribar a puerto.  El mundo en el que este blog nació ya no existe. Aquel mundo de incertidumbres, preguntas y curiosidad ha dejado paso a otro lleno de tópicos e impostadas certezas. El deseo de saber, de comunicar y de compartir ha dejado paso a una ignorancia ufana y a un narcisismo solipsista. Así las cosas ¿qué cojones pinto yo ya aquí?

 

No quiero decir  con esto que a mí, a la hora de escribir, no me mueva también la vanidad. Creo que en el fondo eso nos mueve a todos. Como relata Daniel Mantovani (magistralmente interpretado por Óscar Martinez) en “El ciudadano ilustre” todos los escritores somos egocéntricos, autorreferenciales, narcisistas, y vanidosos. Creo que eso constituye una herramienta absolutamente imprescindible para la escritura. El lápiz, el papel y la vanidad. Sin eso no se puede escribir nada. Cuando uno escribe o narra en el fondo busca situarse en el centro de la escena para ser contemplado, bien sea a través de unos cuantos gramos de celulosa o de la pantalla de un móvil o del ordenador. Ahora bien, además de la vanidad, cuando uno escribe, tiene el vehemente convencimiento de que está en posesión de algo que merece la pena ser leído o escuchado. Y esa sensación solo proviene del asombro y la fascinación que subyace a un descubrimiento. Tal ha sido mi caso.

 

Cada artículo, cada entrada, era un hijo, a duras penas parido, del fugaz encuentro con un misterio que empezaba a desvelarse. Eran, como en el mito de la caverna platónica, el resultado de abandonar por un momento la paz cavernaria para ver la realidad externa, amen del intento de volver para contar a mis semejantes, con los ojos enfebrecidos, que había un mundo más allá de aquel que se proyectaba en las paredes.

 

Hasta hace un par de años eran muchos los que se concitaban en torno a la hoguera de este blog para escuchar mis historias, pero ahora apenas si entran y, sospecho, los que lo hacen lo hacen por error. No voy a negar que esto no sea en parte culpa mía. En 2015 empecé a escribir un libro y precisamente desde 2019 he estado dando un acelerón final que nunca porque me llevaba a la meta. El libro por fin está publicado, pero a costa de haber ido perdiendo por el camino a aquellos que les pudiera interesar. Craso error.

 

En un mundo volcado en el éxito, hablar del propio fracaso es un acto de impúdico e inaceptable exhibicionismo. Hasta el más insignificante mameluco tiene o encuentra algo de lo que presumir. Es un deber moral. Igual por eso la gente no aprende ya ni de sus errores, porque ni siquiera son conscientes de haberlos cometido. Yo sí. Y lo del libro fue un fregado que me superó. Siendo velocista me empeñé en correr el maratón. Lo asumo y obro en consecuencia.

 

Así las cosas me despido. Me gusta escribir y quizá siga escribiendo novela, poesías o cuentos para niños. Me gusta contar cosas e igual comienzo un podcast. Pero esto de pegarme la currada padre documentándome, y de estrujarme luego los sesos para hacer el texto comprensible sin renunciar a cierta elegancia se acabó. La gente no es que no quiera pensar, es que no quiere ni leer al que se lo da ya pensado. Quieren cuatro consignas o argumentos circulares con los que parlotear como cacatúas. Pues bien, yo no vendo esa mierda. Así que me retiro del negocio. Gracias a los que habéis estado ahí.

 

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