martes, 28 de febrero de 2017

El final está cerca



Muchas gracias a los que durante este tiempo os habéis interesado por el estado del libro. Está prácticamente terminado. Me falta rematar el capítulo sobre la burbuja nuclear  y revisar algunas cosas que tenía escritas desde hacía tiempo a la luz de lecturas más recientes. Eso y pulir un poco el estilo, dotar a las partes de coherencia con respecto al todo y redactar la bibliografía y las notas.  En un mes más o menos estaría listo si no hay contratiempos como la subida de tensión que se llevó por delante el disco duro del anterior ordenador.
                Por si queréis ir abriendo boca, os dejo la introducción que he terminado de escribir y que supongo que no diferirá mucho de la definitiva. Gracias de nuevo por el interés y…

BIENVENIDOS A LA NAVE DEL MISTERIO

Todo en el mundo es extraño y es maravilloso para unas pupilas bien abiertas. Esto, maravillarse, es la delicia vedada al futbolista, y que, en cambio, lleva al intelectual por el mundo en perpetua embriaguez de visionario.
José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas


Siempre me han frascinado los misterios. De pequeño me maravillaba al oír hablar de los avistamientos de ovnis, las psicofonías del Palacio de Linares o las caras de lmez. Y me fascinaban aún más esos profesores de nombres exóticos que se afanaban por explicarlos: El doctor Jiménez del Oso, El padre Pilón, Tristan Braker…
                Nunca me ha abandonado  esa pasión infantil por los misterios, lo único que ahora en lugar de  interesarme por los del más allá, me intereso por los del más acá, que también son muchos y no menos intrincados. El que últimamente me ha tenido ocupado, y sobre el que versa este libro, es el precio de la electricidad en España.
                Cada vez que llegaba el recibo a casa la misma pregunta: ¿Cómo es posible? ¿Producirá alguien acero en casa mientas yo no estoy? Para mí era algo inexplicable. Investigando un poco me percaté de  que no era  algo exclusivamente mío, sino que se extendía a todos los consumidores domésticos españoles, que  pagamos la electricidad más cara de la Europa continental antes de impuestos, según ponen de manifiesto los datos proporcionados por EUROSTAT para 2015. ¡Ojo, antes de impuestos! Este descubrimiento lejos de ofrecerme algún consuelo no hizo sino incrementar mi suspicacia.
                Resulta extraño que a un país de relieve accidentado, con abundantes recursos hídricos, muchísimas horas de sol y viento, amén de bien comunicado mediante gaseoductos con el norte de África, le cueste producir su electricidad más que a islas como Chipre o Malta.  Pero todavía resulta más extraño que solo sean los precios para usuarios domésticos y PYMES los que han crecido muy por encima de la media europea, pues los precios para los grandes consumidores se han mantenido dentro de la media. Extraño,  a la par que nefasto para la competencia, pues nuestras pymes pagan la electricidad más cara de Europa.
                Todavía más incomprensible resulta el hecho de que, a pesar de que el recibo de la electricidad en España para estos consumidores no ha dejado de subir (Se estima que desde 2003 lo ha hecho un 83,2%), esto no ha sido suficiente para satisfacer los costes reconocidos por el Estado, de modo que desde ese año el déficit de tarifa no ha hecho sino engordar y a finales de 2013 rondaba los 30.000 millones
                Habrá quien aventure la hipótesis de que estos elevados costes se deben a que la demanda sobrepasa a la oferta, pero la situación es justo la contraria: Desde el año 2007 hasta 2015 la demanda no ha dejado de descender y la potencia instalada excede con mucho las necesidades de suministro.
                ¿Entonces? Con un precio que no cubre los costes y una demanda insuficiente para rentabilizar las inversiones, lo lógico sería pensar que las empresas eléctricas que operan en España se encuentran al borde de la quiebra. Pues no es el caso. Contra toda lógica sus beneficios superan en términos relativos a las que operan en el resto de Europa e, incluso, los resultados totales son mayores en muchos casos a las de estas.
                Si los precios no dejan de subir, a pesar de que la demanda no dejan de bajar, algo me hacía pensar que el problema estaba en la oferta, que podía permitirse fijar los precios al margen de las leyes del mercado. No obstante, esto último tan solo eran especulaciones de andar por casa; así que, como cuando era pequeño, acudí en busca de un profesor de nombre exótico para que me iniciase en los misterios de la luz, y me encontré con el doctor Robinson.

Los informes del doctor David Robinson
               
Nos encantan las mentiras si están dichas de verdad
Love of Lesbian, Dios por dios es cuatro

                El doctor David Robinson es Senior Research Fellow del Oxford Institute for Energy Studies, que debe ser al mundo de la energía lo que Hogwarts es a la magia y la hechicería. Para tratar de explicar todos estos episodios extraños, en abril de 2014 saco a la luz un estudio titulado Análisis comparativo de los precios  de la electricidad  en la Unión Europea: Una perspectiva española.
                En este estudio el doctor Robinson considera que el alza de precios se debe a lo que él denomina “cuña gubernamental”, es decir a los costes en el precio final de la electricidad que se derivan de impuestos, gravámenes o cargos para financiar las políticas públicas y que son introducidos por decisiones de los gobiernos.
                A ojos de nuestro sabio la competencia es lo de menos, pues los  mercados  influyen  en  una  parte  cada  vez  menor  del  precio  final puesto que los gobiernos son responsables […] de la determinación de una parte creciente de los precios de la electricidad al consumidor, lo que deja menos margen para que la competencia beneficie a estos últimos.
                Al primer análisis le siguió otro, en octubre de 2015, titulado  Análisis comparativo de los precios  de la electricidad  en la Unión Europea  y en Estados Unidos.  Este segundo análisis venía a decir lo mismo, que la subida de los precios finales de la energía es culpa de la denominada “cuña gubernamental”:
Mi conclusión es que el motivo principal de dichas diferencias en las tendencias de los precios eléctricos finales se debe a un factor: concretamente, a la “cuña de las políticas públicas” (o “cuña gubernamental”). Este concepto hace referencia a los impuestos no recuperables y otros costes de políticas públicas que se añaden al coste del suministro de electricidad, dando así lugar a un aumento en su precio final.
                En contra de lo que los no iniciados podíamos pensar, el papel de la competencia es, en opinión del doctor Robinson, irrisorio, y lo verdaderamente importante es la “cuña gubernamental”, todos esos costes que los gobiernos encajan a martillazos entre lo que cuesta la luz y lo que paga el consumidor.
La explicación es sencilla (cualquiera en la barra del bar dice que la culpa es de los políticos y todo el mundo asiente) y muy gráfica: Uno se imagina al ministro de turno metiendo una cuña en el conducto por donde fluye el dinero de los consumidores a las distribuidoras de energía para sacar él también tajada.
Sin embargo, este análisis pasa por alto dos hechos que a mi juicio son fundamentales: El alto grado de interrelación entre los políticos y el sector eléctrico (basta con poner “políticos y eléctricas” en Google para hacerse una idea)  y que, como veremos más adelante, esa cuña gubernamental (exceptuando los impuestos, que en España están por debajo de la media europea) va a parar en su mayor parte a las compañías que integran dicho sector.
                Por ponerles un ejemplo, la Ley del Sector Eléctrico puesta en marcha por el primer gabinete de Aznar a firmaba, en su exposición de motivos, que el Estado debe garantizar que el suministro eléctrico se realice al menor coste posible. Pero sin embargo, a la hora de determinar este precio establece un sistema de retribución (art. 16.1.a,  sobre el que más adelante abundaremos) que hace que toda la energía producida se venda al precio de la que cuesta más caro producir. Sí, sí. Han leído bien. Se paga el mismo precio por la energía que produce con agua, luz o viento que la que se produce con uranio, gas o carbón.
                Obviamente la decisión de aprobar esa ley fue del gobierno por lo que, stricto sensu, podría hablarse de cuña gubernamental. Ahora bien, de lo que no podría hablarse (al menos sin sarcasmo) es de política pública, pues está claro que esa decisión política realmente beneficia unos pocos intereses privados, los de las compañías eléctricas, a costa del interés público. Cosa que, por otro lado, tampoco debería extrañarnos, pues el propio Rodrigo Rato ya lo apuntaba en un artículo de 2014 hablando de las prioridades del gobierno en materia eléctrica:
      Con el proceso de privatización que se estaba llevando a cabo, el capital empresarial era ahora el responsable de financiar la mayor parte de las inversiones en materia energética  y, por ello, la especial atención a las condiciones de rentabilidad y de recuperación de inversiones pasaron a ser fundamentales
                Así las cosas,  la explicación del doctor Robinson, con sus lábiles términos, desprende el mismo tufillo a jerigonza que la de los abundantes charlatanes que pueblan el reino de lo paranormal. Impresión ésta que se acrecentó cuando descubrí que los informes del doctor Robinson están patrocinados (pagado, vamos) por Ecofín, una consultora de comunicación y relaciones entre empresas y potenciales inversores (lo que en otros tiempos se denominó propaganda), que tiene entre sus clientes a Unesa, la patronal del sector eléctrico, a la que ayuda a generar información sobre el sector; una información que acabará influyendo de una forma u otra sobre la evolución del sector eléctrico español o de alguno de sus integrantes. Por tanto, como sospechamos, el informe del profesor David Robinson, no busca explicar la realidad sino crear una opinión favorable a los intereses de sus patronos; algo que, como veremos, también se da en el ámbito del periodismo económico.

¿Y si estamos ante una institución extractiva?

Felix qui potuit rerum cognoscere causa
(Dichoso el que pudo  entender la causa de las cosas)
Publio Virgilio Marón
Geórgicas

                En vista de que el doctor David Robinson no nos convence, vamos a echar mano de otros dos doctores de nombre no menos exótico Daron Acemoglu y  James A. Robinson. Ambos  publicaron en 2012 un tocho de mucho cuidado titulado Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, donde sostienen, a grandes rasgos, la tesis de que el éxito o el fracaso de un país estriba en el cariz de sus instituciones, de si son extractivas o inclusivas. El fracaso sería la consecuencia del establecimiento de instituciones extractivas y  el desarrollo de las inclusivas estarían en la base del éxito.
                Según nuestros autores
Las instituciones políticas extractivas concentran el poder en manos de una elite reducida y fijan pocos límites al ejercicio de su poder. Las instituciones económicas a menudo están estructuradas por esta elite para extraer recursos del resto de la sociedad.
Por el contrario
Las instituciones políticas inclusivas, que confieren el poder ampliamente, tenderían a eliminar las instituciones económicas que expropian los recursos de la mayoría, levantan barreras de entrada y suprimen el funcionamiento de mercados que solamente benefician a un número reducido de personas.
Mi tesis vendría a ser que el sistema eléctrico español sería un buen ejemplo de institución extractiva: Está en manos de un grupo muy reducido de personas que, instaladas en el poder político o al amparo de este, expropia los recursos de la mayoría, levanta barreras de entrada y suprime el funcionamiento de mercados. Así mismo el sector eléctrico ha tenido un papel fundamental en el enriquecimiento y formación de una élite que, gracias al poder que le otorga esa riqueza, ha consolidado también su dominio político, colocando en el poder a aquellos que eran más propicios a sus intereses, formándose así ese círculo vicioso entre instituciones políticas y económicas extractivas del que  Acemoglu y Robinson hablan:
La relación sinérgica entre las instituciones económicas y políticas extractivas introduce un bucle de fuerte retroalimentación: las instituciones políticas permiten que las elites controlen el poder político para elegir instituciones económicas con menos limitaciones o fuerzas que se opongan. También permiten que las elites estructuren las futuras instituciones políticas y su evolución. A su vez, las instituciones económicas extractivas enriquecen a esas mismas elites, y su riqueza económica y su poder ayudan a consolidar su dominio político
Todo lo expuesto explicaría muy bien por qué los mercados influyen  en  una  parte  cada  vez  menor  del  precio  final de la energía, como sostenía David Robinson: Porque esta institución está diseñada a prueba de competencia. Oferta concentrada y demanda cautiva. De hecho sólo han entrado nuevos agentes en escena a través del accionariado de las compañías ya existentes. Esto explicaría también por qué los sucesivos gobiernos han tratado con exquisito cuidado los intereses del sector: Porque tenían intereses en él o porque no podían sustraerse a la presión y el influjo de quienes los tenían. Y explicaría, en suma, por qué nuestra luz no deja de subir: Porque no hay nadie que lo impida, puesto que el sector eléctrico es una institución creada para que unos pocos extraigan recursos del resto de la sociedad con la connivencia, e incluso la ayuda, del poder político.
Lo que el siguiente trabajo se propone es mostrar cómo se formó y evolucionó esa institución hasta convertirse en lo que hoy es. Cómo un negocio que a comienzos del siglo XX agrupaba de cientos de empresas quedó practicamente en manos de una docena de ellas a mediados de los años treinta. Cómo personas muy influyentes dentro del sector conspiraron y financiaron el golpe de Estado de Franco para acabar con un gobierno contrario a sus intereses. Cómo consiguieron después que el dictador les otorgase el monopolio del sector eléctrico durante más de 35 años para que dispusiesen de él a su antojo. Cómo de resultas de la falta de eficacia y transparencia se llevaron a cabo inversiones desmesuradas que habrían de llevar al sector a entrar en la democracia con  una deuda abrumadora que al final caería sobre las espaldas de los ciudadanos. Y, finalmente, como durante la democracia no ha habido gobierno que no se haya prestado a atender generosamente las demandas del sector: Los Planes Energéticos de la UCD, la socialización de pérdidas socialista, la liberalización de beneficios privados de Aznar, las burbujas de Zapatero o la consolidación del oligopolio de Rajoy. En suma un recorrido en el que podremos ver cómo poder político y poder económico han caminado de la mano hasta conseguir que nuestra luz sea la más cara de la Europa continental.
Para escribir esta historia he echado mano de docenas de artículos publicados en revistas especializadas, de un buen puñado de monografías y de la prensa del momento. Es decir, nada que no pueda encontrar cualquier persona con conexión a internet. Lo novedoso de mi trabajo por tanto no son los hechos en los que se basa (ampliamente contrastados), sino la sistematización de todo ese conocimiento disperso y fragmentario para dotarlo de coherencia y enmarcarlo dentro de un paradigma explicativo: el concepto de institución extractiva.
 Espero que el viaje merezca la pena.

3 comentarios:

  1. Hunterinbells, apunte para la versión definitiva. Las caras son de Bélmez. Saludos.

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  2. Ya está subsanado. Muchas gracias por hacérmelo notar. Un cordial saludo.

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  3. Un lujo leerte,gracias

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